El billete de $100 pierde fuerza y es de los más débiles del vecindario

EPerdida del valor del peso argentinal papel pierde poder de compra y apenas equivale u$s10. Quedó muy diezmado frente a signos monetarios de mayor denominación de la región. El de Uruguay ocupa el podio medido en dólares. En Venezuela, sólo alcanza para una manzana o un chocolate. Evolución y ranking comparativo.

Es una discusión vieja en la Argentina, siempre se está pidiendo cambios de billetes”.
Así de “fácil” minimiza Axel Kicillof la pérdida del poder de compra de cada papel que se imprime, como también los reiterados reclamos para que den a luz otros de mayor denominación.
El funcionario enterró la posibilidad de lanzar unos de $500, bajo el argumento de que para ponerlo en circulación se requieren “más cuestiones de seguridad”.
En realidad, la negativa responde a que el Ejecutivo no quiere convalidar la alta inflación acumulada.
Esa que llevó a que el signo monetario de mayor denominación del país se quedase “sin capacidad” para adquirir siquiera una pizza grande con dos gaseosas ($140).
Tampoco permite cancelar un viaje en taxi desde el Obelisco a Belgrano, la estadía en un estacionamiento o un kilo de helado de una marca premium, sólo para citar algunos ejemplos de la vida cotidiana.
Ni hablar de querer probar suerte en el supermercado y ver cuánto más se puede comprar, además de un kilo de frutas y dos cajas de barritas de cereales.
Un sólo billete de $100 ya no brinda la tranquilidad suficiente de saber que alcanzará para moverse a lo largo de un día. Ni hablar entonces de los de $50, $20 o los de $10 que quedaron totalmente relegados.
Tal es así que casi el 70% de todos los billetes que actualmente circulan en la Argentina corresponden a los de más alta denominación, pese a que sólo permiten adquirir una gaseosa y un puñado de dulces en un kiosco.
Pagar un salario promedio con los de mayor denominación implica apilar una cantidad once veces superior que en 1992 y de casi cincuenta si la referencia es el sueldo mínimo.
Su declive ha sido progresivo y -pese a contar ahora con la imagen de Evita, de la que se vanagloria el Gobierno- no ha sido convocado a la lista de “buena fe” del Ejecutivo para ejemplificar los logros obtenidos en la “década ganada”.
No es para menos: ya perdió un 90% de su capacidad de compra desde que fuera creado y, en gran medida, a partir del 2002 a la fecha.